
Hace
un tiempo, allá por los años 50, las mujeres se partían el lomo para tener sus
casas perfectas, limpias y ordenadas, además de mantenerse ellas estupendas
para sus maridos.
La
revolución de la mujer, el feminismo y demás liberaciones supondrían el fin de
esta época gloriosa del arte de recibir en casa, dando paso a la comida basura
y los restaurantes chinos.
Gracias
a Dios en pleno siglo XXI existe un nuevo segmento de la sociedad que lucha por
recuperar esas tradiciones, son los llamados “gays”.
No
pretendo entrar a explicaros que es un gay, pues todos tenemos uno cerca, sin
embargo lo que necesito explicar es en que consiste este síndrome, el que yo
mismo he bautizado como “El Síndrome AD”. Las iniciales AD corresponden
a Architectural Digest una publicación creada en norte América
en 1920, una época muy gloriosa, y que tiene como fin principal enseñarnos las
casa, maravillosas y perfectamente decoradas, de diversas personas y
personalidades a lo largo y ancho de todo el planeta.

Por
si todavía no habéis llegado a entender lo que os quiero decir, os pondré un
caso práctico: La semana pasada mientras limpiaba mi hogar (no todas las
personas consiguen uno, una casa sucia y desordenada no puede considerarse como
tal) me di cuenta que el cristal de mi ducha nunca estaba lo suficientemente
transparente, mis espejos no estaban los suficientemente brillantes y mi tarima
tenía minúsculas motas de polvo, entonces lo vi claro, algo pasaba en mi
cabeza, algo que llevaba tiempo notando y tenía delante de mi, todo tiene que
estar perfectamente colocado limpio y ordenado en mi hogar como si un equipo de
AD fuese a venir a mi casa en cualquier instante a hacer un reportaje. Una
obsesión por la colocación y la perfección que como antes comenté las grandes
amas de casa de los años 50 han dejado en herencia a los gays (tocados con la
varita de Martha Stewart) el fascinante don de recibir en casa.
Yo: gay y amo de casa lo compartiré con todos
vosotros.
Mr.
House Husband.
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